El siguiente escrito es un análisis del artículo
de Carl Sagan “ABORTO: ¿ES POSIBLE TOMAR AL MISMO TIEMPO
PARTIDO POR «LA VIDA» Y «LA ELECCIÓN»?”, se recomienda leerlo
para comprender en su plenitud los argumentos.
Carl Sagan escribe desde su posición de
científico, con nobles intenciones: El poder consensuar los argumentos y llegar
a un acuerdo. Nobles; aunque, tal vez sin quererlo, ingenuas, puesto que la
ciencia no puede responder acabadamente a las preguntas existenciales (las
cuestiones de Origen, Propósito, Moralidad y Destino) y creer que una
problemática social de tal complejidad se puede resolver tan sólo desde
postulados científicos es francamente ingenuo. Se puede evaluar la ciencia a
través de la moralidad, pero no se puede evaluar la moralidad a través de la
ciencia. Dentro de sus razonamientos da a conocer sus posturas filosóficas, las
cuales están incluidas en su propia cosmovisión y no necesariamente son hechos;
siendo finalmente ellas la principal consistencia del argumento, lo cual no lo
hace válido como argumento científico sino que lo convierte en una opinión más.
Trataremos de analizar sus opiniones principales, considerando los extractos de
su texto que mejor las definen (lo haremos por orden de razonamiento y no
necesariamente en el orden en el que fueron escritos).
La vida humana
 |
| Samuel |
“Pese a las numerosas afirmaciones en contra,
la vida no comienza en el momento de la concepción; es una cadena
ininterrumpida que se remonta a los orígenes de la Tierra, hace 4.600 millones
de años. Tampoco la vida humana comienza en la concepción, sino que es una
cadena ininterrumpida que se remonta a los orígenes de nuestra especie, hace
cientos de miles de años. Más allá de toda duda, cada espermatozoide y cada
óvulo humanos están vivos. Es obvio que no son seres humanos, pero lo mismo
podría decirse de un óvulo fecundado.”
Aquí se denota claramente una visión panteísta de
la vida, el “cada cosa es parte de un Todo”. Dicha postura no responde a la
problemática del trato al individuo, si analizamos a “La Vida” de esa forma (en
el sentido de que lo importante es la totalidad histórica y universal de la
misma) la persona individual pierde su valor. Lo particular de los que adoptan
esos ideales es que, normalmente, no se los ve haciendo sacrificios por el bien
mayor, sino que mantienen los intereses familiares, románticos y sobre todo
propios; en otras palabras, estrían prestos a matar por el bien de la historia
de la vida de la humanidad pero no tanto a morir por el mismo fin.
Por otro lado es incorrecto obviar la
diferenciación entre Vida y actividad celular. Si me cortasen un brazo, las
células del mismo continuarían en funcionamiento (vivas, en cierta manera),
pero si permanecieran separadas del resto de mi cuerpo no demorarían en
pudrirse y su vida carecería de valor real, puesto que perderían la CAPACIDAD
DE REPRODUCIR VIDA POR SI MISMAS. Cualquier célula o conjunto de células humanas
en funcionamiento tienen vida, pero separadas del Ser Humano pierden esa
capacidad de producir más vida, a un nivel biológico ese es el valor intrínseco
de la vida humana que se debería ponderar; junto con el valor superior de la
potencialidad de las facultades humanas internas que permiten las relaciones
con los otros seres humanos (pensamiento, creatividad, imaginación, voluntad,
sentimientos, etcétera), que son lo que en definitiva hacen humana a esta masa
de células organizadas , y que el hecho de que no se puedan medir físicamente
no las convierten en irreal. El método científico es una herramienta útil e
indispensable, mas no abarca todo lo existente.
Homicidio
del feto
“Hasta la
fecha, el asesinato se aplica sólo al hecho de matar seres humanos. Por eso
resulta clave en el debate sobre el aborto la cuestión del momento en que surge
la personalidad (o, si se prefiere, el alma). ¿Cuándo se hace humano el feto?
¿Cuándo emergen las cualidades distintiva mente humanas?”
El punto es válido: El homicidio o asesinato es el
crimen, es decir: El delito de quitarle la vida a otro ser humano. Lo
incoherente es la duda de que un feto sea ser humano. El constatar su
personalidad o sus cualidades mentales no es lo relevante, sino la
potencialidad de personalidad y cualidades mentales junto con su capacidad de reproducir
vida.
Lo que hace característico al ser humano no es que
sea un proceso celular o que demuestre facultades; sino que provenga de un
humano y que tenga la capacidad de reproducir vida por sí mismo. Ni el
espermatozoide ni el óvulo reproducen vida, son células aisladas que
eventualmente mueren sin reproducirse; ni si quiera el óvulo fecundado tiene la
capacidad de permanecer vivo, únicamente cuando el ovocito se implanta en la
placenta se desencadena el verdadero proceso de crecimiento, reproducción y
diferenciación celular que culminará con la muerte. Es imposible que un óvulo
fecundado que no sea implantado en un útero materno se desarrolle a ser humano,
es imposible que un embrión implantado en el útero no se desarrolle a un humano
adulto (a menos, claro está, que algo o alguien interrumpa su vida). Por lo
tanto el embrión implantado debería ser considerado como ser humano por su
capacidad de producir y reproducir vida, y su potencialidad para poseer las
facultades características de la persona.
Podés arrancar azahares de un naranjo para adornar
comedores y no generarás grandes molestias, podés cosechar sus naranjas luego
(es decir, flores ya perfectamente fecundadas) y no vas a cometer ningún crimen
ya que las naranjas volverán a crecer (bueno, tal vez cometas el crimen del
robo si son árboles privados, pero probablemente no se vayan a hacer
manifestaciones en la calle por eso); pero si por alguna razón se te ocurre
andar por el mundo desenterrando plantines de árboles en plena germinación
justificándote con el hecho de que sus tallitos todavía no asomaron por encima
de la tierra, Green Peace igual se va a enojar, puesto que estarás acabando con
la vida vegetal que se quiere preservar.
En tanto no se reconozca que en el
aborto se termina con la vida de un ser humano el debate va a continuar
indefinidamente sin llegar a un acuerdo (a pesar de que se despenalice, se
legalice y se institucionalice); ya que las situaciones problemáticas que
provocan los embarazos indeseados siempre van a poder tener un enfoque de
solución en la que el aborto no sea necesario, sin embargo nunca se va a poder
demostrar coherente y satisfactoriamente que el bebé en gestación no es un ser,
y mientras exista esa duda tampoco se va a poder definir que el aborto sea
moral.
Cabe agregar que bajo este paradigma la píldora
del día después (realmente al día después) sería una intervención no abortiva, puesto que no es sino hasta luego de un
plazo mínimo de 4 días después de la relación sexual que se implanta el embrión. Por lo tanto, se esté de acuerdo con la misma o no, no se estaría interrumpiendo el embarazo sino que todavía
se lo estaría evitando. Uno de sus aspectos negativos es el hecho de ser una agresiva patada al
sistema hormonal de la mujer, es un método de emergencia muy inconveniente que
se lo debería utilizar pocas veces en la vida, o preferentemente ninguna.
El Valor
Humano
“A nuestro
juicio, el argumento de la viabilidad no puede determinar de manera coherente
cuándo son admisibles los abortos. Se requiere otro criterio. Una vez más,
ofrecemos la consideración del primer atisbo de pensamiento humano.”
Sagan propone el pensamiento como parámetro para
definir como persona al feto, es decir: No sería inmoral eliminarlo mientras se
constate que no piensa (según él hasta antes de los 6 meses de gestación). Esto
genera toda una serie de inestabilidades. Sagan utiliza la actividad cerebral
como sinónimo de pensamiento, cuando en realidad el pensamiento es una
construcción abstracta que se confirma con certeza en su exteriorización
(muchos seres humanos ya adultos y en pleno uso de sus derechos y obligaciones
civiles parecen tener ausente todo atisbo de pensamiento). De esta forma
termina siendo demasiado variable el concepto de cuándo comienza a pensar el
ser humano, mientras que se dejan de tener en cuenta sin la más mínima
reflexión milenios de debates filosóficos sobre el alma y los sentimientos,
descartándolos como importantes para definir el valor de la vida humana (que
aunque la ciencia no pueda demostrar la existencia del alma y los sentimientos,
de ninguna manera ha logrado constatar su inexistencia, ni mucho menos su
irrelevancia).
Por otro lado, al poner como valor supremo al
pensamiento, el que dignifica para merecer el derecho a la vida, sería muy
fácil el caer en la idea de que el que tenga menos capacidad de pensamiento
será menos valioso y menos digno de vivir. Si combinásemos la idea con un poco
de del naturalismo y materialismo propio de los que tienen este tipo de
propuestas, retrocederíamos a 1940. Es una propuesta demasiado riesgosa. Abrir
la puerta de la desvalorización de la vida humana en el período de gestación,
es también abrirle la puerta a la absoluta relativización del valor de la vida
humana individual en otros casos; si se brinda la concesión para quitar esas
vidas, es más fácil que luego se logre la concesión para quitar otras
(ancianos, enfermos, pobres, “razas inferiores”, etcétera).
Política
abortiva
“decidiendo
que mujeres que viven en la pobreza carguen con unos niños que no pueden
permitirse el lujo de criar; obligando a adolescentes a traer al mundo hijos
para los que no están emocionalmente preparadas; diciendo a las mujeres que
aspiran a una carrera profesional que deben renunciar a sus sueños, quedarse en
casa y criar niños; y, lo peor de todo, condenando a las víctimas de
violaciones e incestos a aceptar sin más la prole de sus agresores”
Según Sagan al desaprobar el aborto se “decide”,
se “obliga”, se “dice que se debe renunciar” y se “condena” a todo tipo de
calamidades. Es un análisis bastante llano de la situación. El no aprobar el
aborto no significa ser el responsable de ese tipo de calamidades. El que a una
mujer pobre no le alcance el sustento para criar su hijo es un problema
socioeconómico que debe solucionarse atacando a la pobreza y a la razón por la
cual tienen muchos hijos, no simplemente diciéndoles que tienen que abortarlos.
Nadie obliga a las adolescentes a que tengan relaciones sexuales, en todo caso
debería dárseles una buena educación sexual (lo cual no significa enseñarles a
usar un preservativo, sino explicar todas los aspectos de la sexualidad, sobre
todo el entender que si no se está preparado emocionalmente para afrontar todas
las consecuencias que implica o podría implicar el sexo, pues entonces no se
debería practicarlo hasta madurar). Las mujeres que aspiran a una carrera
profesional bien podrían evitar tener hijos; por otro lado no creo que se sea
imposible hacer carrera teniendo un hijo (millones de mujeres lo hacen), sobre
todo teniendo una pareja con quien compartir la crianza; ahora si a la mujer le
interesa tanto su vida profesional como para no tener hijos ni parejas ¿qué
hace haciendo lo que se hace con una pareja y que, justamente, produce hijos?
Tiene derecho a afrontar el riesgo, pero también debería asumir la
responsabilidad que conlleva el riesgo; en ultima instancia, para el estado son
beneficiosos en la población tanto los profesionales como los hijos de
profesionales (que con mucha probabilidad se convertirán en nuevos
profesionales) por lo tanto el estado debería ayudar a afrontar esa situación
(por ejemplo: becas especiales para embarazadas solteras en carrera
universitaria) y no simplemente eliminar el embarazo. El daño de las
violaciones e incestos va a persistir con o sin aborto, lo peor de la agresión
es antes del embarazo e interrumpirlo probablemente agrave las heridas emocionales;
es entendible que la víctima no quiera criar el hijo de un violador, pero no es
necesario matar al inocente, existe la píldora del día después, existe la
entrega en adopción, pero sobre todo: EXISTE LA POSIBILIDAD DE EVITAR LAS
VIOLACIONES. Por lo menos en la Argentina, habría que preguntarse más bien qué
se está haciendo para EVITAR todo ese tipo de situaciones de malas condiciones,
preguntarse por qué se pinta como tan negativo el embarazo ¿será que vivimos en
una sociedad o en un gobierno que no cuida lo suficientemente bien de las
embarazadas? Porque en el caso de que sí se lo hiciera, entonces la mujer
embarazada que no desea el bebé solamente tendría que superar el embarazo (con
el correspondiente apoyo que merece dicha tarea) y luego podría darlo en
adopción (cosa, en promedio, muchísimo menos traumática y dolorosa que
abortar). Miles de padres deseosos de adoptar esperan añares para recibir un
hijo y en muchos casos ni siquiera los reciben ¿Qué pasa con el sistema de
adopción que funciona tan mal? ¿Por qué llegan primero los de trata de blancas
o de tráfico de órganos? ¿Por qué en un país donde se garantiza la salud
gratuita, la gente que no puede acceder a la atención privada se muere de
enfermedades estúpidas y los que sí pueden costear la atención privada todavía
visitan a curanderos y practicantes ilegales de la medicina? ¿Por qué sigue
existiendo la práctica ilegal de la medicina y no un ente regulador de dichos
charlatanes? Es debatible la despenalización de la embarazada que aborta
(penalización que en la práctica no se ve que exista), pero si hay abortos
clandestinos es porque hay abortadores clandestinos ¿Qué pasa con la
penalización de esos delincuentes? Posiblemente el gobierno tenga demasiada
demanda controlando los carritos de choripanes*. Querer solucionar esos
problemas mediante el aborto es apagar fuego con un baldazo de kerosene: El
sistema de salud está colapsado y no va a poder garantizar una “práctica
médica” como el aborto, en la que se requieren infraestructura, equipamiento,
medicación, personal y capacitación especializadas, sin que vayan en desmedro
otras prácticas médicas más necesarias; los que puedan acceder a un aborto seguro
van a ser los que puedan pagarlo, lo cual no va a lograr eliminar el aborto
clandestino, menos en una cultura como la nuestra en la cual incluso personas
de clase media continúan visitando a chamanes. Sería injusto para los que
tienen problemas de concepción que no los apoyen a ellos y sí se ayude al que
quiere eliminar una vida nueva; sería injusto para el que está padeciendo una
enfermedad y no recibe buen tratamiento ver cómo se gasta en matar mientras que
a él no lo dejan vivir; es injusto que se esté debatiendo cómo eliminar las
consecuencias de determinadas situaciones problemáticas y no se intente
solucionar esas situaciones problemáticas, y tantas otras mucho más urgentes. Cuánto se avanzaría si se aprovecharan esas energías derrochadas por los que
pelean tanto para el aborto y se usaran para mejorar hacia condiciones en las
que no hiciera falta abortar. Lastimosamente, en nuestros congresos se elige
según lo que garantice menos incomodidades en el mandato actual y más votos en
el siguiente; y a la hora de continuar forjando nuestra nación la razón, el
diálogo, la inteligencia y el coraje (de los cada vez más abundantes
“abstemios” al momento de votar) brillan por su ausencia; por eso nos vemos
obligados a llevar el debate a la calle con la esperanza de que se llegue a
escuchar la voz del pueblo y de que el gobierno deje de ser sólo proveedor de
pan y circo.
La
moralidad del aborto
“Una moralidad que depende de la tecnología y
cambia con ésta es una moralidad frágil y, para algunos, inaceptable.”
“La libertad
y la vida son, desde luego, dos de nuestros valores más apreciados”
Totalmente de acuerdo con la primera frase, aunque
en realidad no debería ser inaceptable para algunos sino para todos, y una
moralidad que cambie con cualquier cosa (no sólo con la tecnología) es siempre frágil.
No deberíamos cometer la estupidez de permitir que algo tan crucial como
definir qué es lo bueno y qué es lo malo quede librado al azar, a los caprichos
de la mayoría, a la “evolución” de la sociedad, a las ofertas y demandas del
mercado, etcétera. Los valores y virtudes superiores deberían poder mantenerse a
pesar del cambio de las circunstancias, sino no serían ni valiosos ni virtuosos;
conveniencia y comodidad no son sinónimos de Bien y Rectitud.
Pensemos, por ejemplo, en lo que dicen ciertos
grupos sobre que la prohibición del aborto promueve el abuso de menores. Me
gustaría saber en qué se basan para fundamentar tal afirmación, pero más me
gustaría saber con qué autoridad moral dicen que desechan la inmoralidad del
aborto pero mantienen la del abuso. Bajo el mismo paradigma de los abortadores ¿No debería tener derecho el abusador de
menores a satisfacer sus urgencias físicas? ¿No debería tener derecho a hacer
lo que quiera con su cuerpo junto con la desconsideración de la víctima tal
como se lo predica en la promoción del aborto? Al reprimir al abusador de
menores ¿No lo empujaríamos a todo tipo de promiscuidades enfermizas que lo
llevarían a la posibilidad de contagiarse de ETSs y morir por ello?
Creo que el aborto está tan mal como el abuso de menores, y que si alguien
tiene la osadía de desechar cualquier ítem de la Ley Moral, pues entonces
pierde el derecho de reclamar o alegar la virtud de cualquiera de los otros.
Sagan dice que la libertad y la vida son de los
valores más apreciados, lo cual es loable; la cuestión es en qué se basa para
decir que son valores ¿Qué asegura que un ser sea digno de vida y libertad?
¿Qué asegura que la libertad y la vida sean buenas para alguien? Los valores, aunque puedan ser razonables, no se pueden deducir únicamente a través del
razonamiento, el mismo sólo puede hacer descubrir lo que le conviene a
determinado grupo de personas pero a su vez basándose en los deseos de ese
grupo. Hablando de vida, a través de la ciencia se podría consensuar en cierta
forma que la actividad biológica a nivel global es algo positivo, pero ¿cómo
puede esta definir el valor real de la vida de alguien? ¿Cómo puede la ciencia
afirmar que la libertad es algo bueno? Carl Sagan, muy inteligentemente, decía
que él no era ateo porque como no tenía tanto conocimiento para saber que Dios
no existe, entonces alegar Su inexistencia venía a ser estúpido. Por otro lado
afirmaba que Dios era la suma de las leyes físicas; lo cual no solo es una
manera elegante de ser, en realidad, ateo (puesto que si se despersonaliza a
Dios, entonces no hay Dios, sino simplemente una asombrosa actividad de las
cosas) sino que también es estúpido, ya que las leyes físicas pueden explicar
el funcionamiento del universo pero no tienen la capacidad de crearlo, pueden
hacer entender qué pasa a un nivel físico pero no le daban razones a Carl para
serle fiel a su esposa ni le otorgaban virtud a su búsqueda de la verdad. Si alguien
no está dispuesto a aceptar que hay algo superior y absoluto más allá del
raciocinio humano en lo cual basar coherentemente la moralidad, entonces no
debería alegar la moralidad como fundamento para sus propuestas. “¿Qué derecho
tienen para decidir por la embarazada?” dicen los que están a favor del aborto,
en realidad como ciudadano en una democracia tengo todo el derecho a dar
cuentas de lo que me parece lo correcto y transmitirlo a mis representantes en
el gobierno para que en base a eso decidan la legislación, y por otro lado la
mayoría de las embarazadas ya han tomado sus propias decisiones que concluyeron
en ese embarazo no deseado (y si no fue así, los que decidieron por ella y la
embarazaron son los que deberían ser repudiados y coartados); pero más allá de
las respuestas a la pregunta hay que considerar en qué se basa esa pregunta,
porque el cuestionador asume que está mal esa supuesta imposición, y ¿en qué
moralidad se basan para decir que eso está mal? Si se puede poner en tela de
juicio la inmoralidad del aborto ¿por qué tendría que mantenerse la moralidad
de los derechos de la embarazada? Afirmar
que la verdad es relativa es algo bastante zonzo ¿Cómo se sostiene que esa
afirmación sea verdad cuando la propia declaración contempla la posibilidad de
ella misma ser falsa? Si uno no quiere creer que la verdad es absoluta, pues
entonces no debería pretender que sus argumentos fueran tomados como absolutos
sino como meras opiniones que tal vez estén incorrectas.
Lo que
creemos los que Creemos
“Tanto en el
Antiguo Testamento como en el Nuevo -que abundan en prohibiciones en extremo
minuciosas respecto a la indumentaria, dieta y palabras- no aparece una sola
mención que prohíba de modo específico el aborto.”
Este pensamiento es propio de los que se han
acercado a la Biblia de un modo superficial y no para buscar la verdad. Tal
pensamiento lleva a creer que Dios existe únicamente para coartar nuestra libertad
y darnos prohibiciones. Eso no es cierto. Los mandamientos de Dios tratan más
sobre lo bueno que podemos hacer que sobre lo malo que no debemos hacer, es
decir: Son más positivos que negativos. Así lo fue desde el principio: Dios
solamente dio una prohibición, no comer de un solo fruto, pero por otro lado
otorgó las tareas (agradables, por cierto) de comer de todos los demás, de
reproducirse, de cuidar el jardín y de administrar la creación. A raíz de la
desobediencia las cosas se fueron complicando, pero el espíritu de la Biblia
siempre es la vida abundante que podemos tener en Dios y todo el bien que
podemos (y debemos) hacer.
Es cierto que en ninguna parte de la Biblia dice
“No abortarás”, tal vez no le hiciera falta la prohibición puesto que en los
tiempos bíblicos la combinación del riesgo mortal de abortar junto con el
enorme honor de tener hijos no hacía del aborto algo frecuente ni deseado. La
Biblia sí habla del abortado como una persona real a la cual le ha pasado algo terrible,
así que para el lector con visión judeocristiana es innecesaria la aclaración
de no asesinar al niño en gestación ya que el caso queda abarcado en el
mandamiento de no asesinar a cualquier persona. Aunque históricamente la
doctrina tanto del pueblo judío y de la iglesia cristiana ha sido víctima de
incontables manoseos, en la biblia claramente se deduce que el bebé en
gestación es un ser vivo y cuya vida vale. Conjuntamente, para la visión
judeocristiana la vida va más allá de un derecho civil, es un regalo de Dios
sobre el cual nosotros no tenemos potestad de decisión para terminarla, cuando
lo hacemos estamos transgrediendo los permisos que Dios nos ha dado. Si bien
Dios le encomienda a la humanidad su reproducción, también le da la
inteligencia para administrar, hasta cierto grado, esa reproducción para que la
multiplicación sea en cantidad y tiempo apropiados a las circunstancias. Ahora
bien, cuando el hombre ejerce su sexualidad pero no quiere tomar
responsabilidad de la encomienda que viene con ese regalo y, oponiéndose aún
más, decide eliminar la vida que produjo, esa actitud es una clara rebeldía
contra el deseo de Dios. Los que lo amamos no podemos aceptar eso como
correcto. Citaré un solo pasaje, ya que Carl Sagan sólo cito uno (aunque en
vano, ya que dicha cita ni apoyaba sus ideas ni excluía las nuestras):
28 Uno
de los maestros de la ley se acercó y los oyó discutiendo. Al ver lo bien que
Jesús les había contestado, le preguntó: —De todos los mandamientos, ¿cuál es
el más importante?
29 —El más importante es: "Oye, Israel. El Señor nuestro Dios es el
único Señor—contestó Jesús—. 30 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas." 31 El
segundo es: "Ama a tu prójimo como a ti mismo." No hay otro
mandamiento más importante que éstos. Marcos 12:28-31
Otra vez vemos el mandato positivo. Creemos que el
aborto cae fuera del mandamiento del amor, abortando no se ama ni a Dios ni al
prójimo.
Déjenme contarles una pequeña anécdota:
Una noche, en un programa televisivo (que tiene el
descaro de autodenominarse periodístico) se entrevistó a cinco tribus urbanas
adolescentes, dos aparentemente de clase media baja (Turros y Scene Queens) y tres
aparentemente de clase media alta (skaters, otakus e indies) y a un grupo de
adolescentes “sin tribu” (también de clase media alta). Interesantemente, los
que aparentaban pertenecer a un estrato socioeconómico y cultural superior
fundamentaron de forma bastante superflua su opinión a favor del aborto con frases
armadas como “Es el derecho a elegir”, “Hay muchas mujeres que se mueren por
abortarse a ellas mismas”; y los, supuestamente, menos doctos argumentaron de
forma más coherente su propia opinión diciendo cosas como “De ninguna manera, está
malo porque es robar una vida”, “si la persona estuvo haciendo cosas de persona
grande, tiene que asumir la responsabilidad como una persona grande”, el
reportero no pudo resistir la tentación de ponerse más del lado de los que
estaban totalmente a favor del aborto (digo totalmente, porque las opiniones se
diversificaron en algunos grupos con la
excepción del aborto por violación). El punto de esta anécdota no es establecer
cual de las opiniones era la correcta, sino poner en tela de juicio el
argumento de que el aborto es en consideración de las pobres mujeres de las
clases bajas. Permítanos dudar de si las pobres mujeres de las clases bajas son
las que realmente quieren la instauración del aborto legal y gratuito; y
permítanos dudar de si el interés de los impulsores del aborto por tales
mujeres es genuino, ya que no se los ve ayudándolas más que en la preocupación de
que aborten (sin embargo ensartarles una aspiradora adentro de la barriga, no
les solucionará los problemas, probablemente les genere más). Permítanos tener
la osadía de sospechar hasta que puede llegar a haber cierta intención en los
impulsores del aborto de obtener, con la posibilidad de un aborto más
accesible, más tranquilidad para una sexualidad irresponsable.
Es lamentable que lo que más se haya hecho notar
de la iglesia a lo largo de su historia fueron las veces en la que gente
disfrazada de cristianos hacían lo contrario a lo que haría Jesús (quizás más notorio por ser más
escandaloso y no tanto por ser lo que más haya hecho la Iglesia). Los cristianos
se quejan sobre los vicios como el tabaco y el alcohol y, sin embargo, los de la iglesia también fuman y
se emborrachan; la iglesia se opuso al divorcio y, sin embargo, una vez
institucionalizado sus asistentes también se divorciaron; la iglesia dice que
la homosexualidad es una desviación de la sexualidad correcta y dentro de ella
se oculta esa desviación y también otras como abusos, fornicación y adulterio.
Ahora es la misma iglesia la cual dice que el aborto está mal, y ¿qué hará si
se legaliza el aborto? ¿Abortarán también los “cristianos”? Es por esa falta de
ser el baluarte moral de la sociedad que la Iglesia ahora ha perdido la
autoridad para decir qué está bien y qué está mal, es realmente una pena,
pedimos perdón a Dios y al mundo por eso. Sin embargo la Ley Moral sigue existiendo.
Sorpresa: Los cristianos no somos perfectos, de hecho la Biblia dice que Dios
ha elegido a lo peor del mundo (para que al mejorarlo el mérito sea Suyo); aun
así creemos en un Dios perfecto que ha sentado bases morales perfectas no
difíciles de identificar: Lo sagrado de la vida, lo sagrado de la intimidad, lo
sagrado de la propiedad, lo sagrado de la verdad, lo sagrado de la familia, lo
sagrado de la sexualidad, lo sagrado del amor, lo sagrado de la relación que
podemos tener con el Creador. Esto es lo que creemos y vivimos los reales
cristianos; y si bien quisiéramos compartirle al mundo estas buenas noticias de
salvación (es una de las formas de amar que Dios nos pide que tengamos), no
pretendemos imponer nuestras creencias ni que se obligue a que todos se comporten
según esas creencias; lo que no significa que vamos a permanecer inmutables
ante algo que nos parece eminentemente malo. Los cristianos no podemos, bajo
ningún concepto, pensar que el aborto es algo bueno. Podemos aceptar que cada
uno elija la forma en la que quiera vivir; trataremos de mostrarle lo que
creemos incorrecto a los que nos lo permitan, pero no vamos a procurar
controlar las decisiones sobre la vida de cada uno; no obstante, de ninguna
manera vamos a permanecer impasibles ante el abuso de los indefensos, de
ninguna manera vamos a condonar la institucionalización de la decisión (sin
razón de ser) de poder terminar con la vida de otro. No nos basemos solamente en
antecedentes históricos, podemos cambiar, podemos ser mejores, podemos ser
mejor sociedad. Permítanos ejercer nuestro derecho de manifestar lo que creemos
correcto ante la decisión de una ley para que nuestros representantes no elijan
según lo que más propaganda tiene sino según lo que es realmente mejor, sobre
todo cuando se debate sobre un problema que podría solucionarse de otra forma.
“Aun con esa
protección, el homicidio ocasional es un hecho corriente en las ciudades y
libramos guerras «convencionales» con un coste tan elevado que por lo general
preferimos no pensar demasiado en ello. (Significativamente, suelen
justificarse las matanzas en masa organizadas por los estados redefiniendo como
subhumanos a nuestros adversarios de raza, nacionalidad, religión o ideología.)
Esa protección, ese derecho a la vida, no reza para los 40.000 niños menores de
cinco años que mueren cada día en el planeta por causa de inanición,
deshidratación, enfermedades y negligencias que habrían podido evitarse.”
Está bien, es cierto que hay muchos que son
cristianos de la lengua para afuera, pero… ¿qué pasa con los cristianos que
están auxiliando en África? ¿Qué pasa con los cristianos que han fundado
iglesias y hospitales? ¿Qué pasa con los cristianos que ayudan a los
vagabundos? ¿Qué pasa con los cristianos que van a los pueblos olvidados en el
medio de la nada para tratar de cubrir algunas de sus necesidades? ¿No
contamos? Muchos estamos tratando de hacer de este mundo un lugar mejor.
Rezamos, y con cuánto corazón, por esos niños que se mueren y por esas matanzas
en masa (muchas veces de nuestros propios hermanos). Cuántas de las acciones caritativas
seculares son impulsadas más por culpa o por exhibicionismo; cuando los
verdaderos cristianos hacemos algo así no lo hacemos para obtener nada a
cambio, lo hacemos por amor. No lo decimos para fanfarronear, sino para que consideren
porqué nos movemos: no para dominar sino en nombre del Amor y la Verdad.
También sufrimos por el problema de los embarazos
no deseados y de las muertes por abortos clandestinos, y queremos hacer algo al
respecto, pero no creemos que el aborto sea la solución de la cuestión.
Carl Sagan
nació porque nadie lo abortó
“Las
opiniones se polarizan. Las mentes se cierran. ¿Es ilícito interrumpir un
embarazo? ¿Siempre? ¿A veces? ¿Nunca? ¿Cómo decidir? Escribimos este artículo
para entender mejor cuáles son las posturas enfrentadas y para ver si
conseguimos hallar una posición que satisfaga ambas. ¿No existe término medio?”
No. Nunca existirá término medio, porque para los
que estamos en contra del aborto ya no es una cuestión de un edicto papal sino
del incalculable valor de una vida. Nunca estaremos satisfechos, siempre habrá
quienes crean en el valor de la vida en gestación y siempre habrá quienes
desechen ese valor en virtud de la comodidad, el facilismo y la practicidad
materialista. Cada vez se ven más casos de bebés que nacen antes de los 6 meses
y sobreviven; matarlos luego del parto, a pesar de tener menos de 6 meses de
gestación, sería asesinato ¿por qué no lo sería antes del parto? La marca de
los 6 meses ya probó ser indefinida, el hecho de la vida humana luego de la implantación
del ovocito todavía no es refutable.
Conozco a, por lo menos, tres personas que
deberían haber sido abortadas (según el paradigma pro-aborto). Protegeré sus
identidades pero enunciaré sus situaciones: Un caso de embarazo no deseado
prematrimonial, un caso de peligro de la vida de la madre, un caso de
discapacidad física grave. En los tres casos no se abortó, en los tres casos se
decidió seguir adelante y no rendirse, se decidió tener esperanza en el valor
de esas vidas. Doy gracias a Dios por eso. Les aseguro que mi vida hubiera sido
catastróficamente distinta si alguna de esas 3 personas no hubiese estado en
ella, las cosas que he vivido gracias a la existencia de esas personas están
dentro de la lista de las mejores que me han pasado, no podría concebir el
prescindir de ellos ni la trivialidad de sus personas. Y yo soy sólo uno, en
cuánta gente cada una de estas personas han venido a ser valiosos e, incluso,
necesarios.
Parafraseando al Dr. Ravi Zacharias: “Sí nos parásemos ante
Dios a reclamarle los problemas del mundo, Él probablemente nos diría que nos
mandó al que encontraría la cura del cáncer, al que solucionaría la economía
mundial, al que enfrentaría el problema del hambre, pero ni siquiera los
dejamos entrar a este mundo”.
Los dejo con algunas citas de G.K. Chesterton complementan
los pensamientos expuestos:
“Hay muchos, muchos ángulos en los cuales uno
puede caer, pero solo uno en el cual un puede pararse recto”
“Eres libre en nuestro tiempo de decir que Dios no
existe; eres libre de decir que Él existe y que es malvado; eres libre de
decir, como Renan, que a Él le gustaría existir si pudiera. Puedes hablar de
Dios como una metáfora o una mistificación; puedes aguarlo con litros de
palabras largas, o hervirlo hasta los harapos de la metafísica; y no es
meramente que nadie castiga, sino que nadie protesta. Pero si hablas de Dios como
un hecho, como una cosa como un tigre, como una razón para cambiar la conducta
de uno, entonces el mundo moderno te detendrá de alguna manera si puede. Ya
hemos pasado por lejos el hablar si un no creyente debería ser castigado por
ser irreverente, ahora se piensa como irreverente el ser un creyente”
“… Pero el nuevo rebelde es un escéptico, y no
confiará enteramente en cosa alguna. No tiene lealtad; por lo tanto nunca puede
realmente ser un revolucionario. Y el hecho de que duda de todo, en realidad se
mete en su camino cuando quiere denunciar cualquier cosa. Puesto que toda
denunciación implica una doctrina moral de algún tipo; y el revolucionario
moderno no sólo duda de la institución que denuncia, sino también la doctrina
mediante la cual denuncia. Así escribe un libro quejándose de que la opresión
imperial insulta la pureza de la mujer, y luego escribe otro libro (acerca del
problema del sexo) en el cual la insulta él mismo. Maldice al Sultan porque las
muchachas cristianas pierden su virginidad, y luego maldice a la Srta. Grundy
porque la mantiene. Como político, clamará que la guerra es un desperdicio de
vida, y después, como filósofo, que toda vida es un desperdicio de tiempo. Un
pesimista ruso denunciará al policía por asesinar a un campesino, y luego
probará que según los más superiores principios filosóficos el campesino
debería haberse matado a sí mismo. Un hombre denuncia que el matrimonio es una
mentira, y después denuncia a la aristocracia libertina por tratarla como una
mentira. Llama a la bandera una chuchería, y luego culpa a los opresores de
Polonia o Irlanda porque se llevan esa chuchería. El hombre de esta escuela va
primero a una reunión política, donde se queja que los salvajes son tratados
como si fueran bestias; luego toma su a sombrero y paraguas y va a una reunión
científica, donde prueba que prácticamente sí son bestias. En resumen, el
revolucionario moderno, siendo un escéptico infinito, siempre está comprometido
en socavar sus propias minas. En su libro sobre política ataca a los hombres
por pisotear la moralidad; en su libro sobre ética ataca a la moralidad por
pisotear a los hombres. Por lo tanto el hombre moderno en sublevación se ha
convertido prácticamente inútil para todo propósito de sublevación. Rebelándose
contra todo ha perdido su derecho de rebelarse contra cosa alguna”
* Nota: Esta oración es sarcástica.